
El proceso de mediación
El proceso de mediación se inicia cuando una persona acude al mediador, quien contacta con la otra parte y le propone participar en la mediación. Es habitual que solo sea una de las partes la que realice el contacto y sea el mediador quien deba invitar a la otra a participar en el proceso.
En la primera sesión, el mediador informa sobre qué es la mediación, su papel y funcionamiento. Si se decide comenzar, las partes exponen la situación y sus intereses para luego buscar los temas a tratar, siempre con el apoyo del mediador. Las partes buscan soluciones y se redacta un acuerdo sin que el mediador juzgue ni imponga su opinión.
Las sesiones de mediación pueden ser conjuntas, trabajando con las partes del conflicto, o pueden ser individuales (caucus), tratando con cada una de las partes por separado.
El proceso de mediación está dirigido en todo momento por el mediador, quien se encarga de reordenar la información objetivamente. Garantiza el respeto y que las partes se sientan escuchadas, asegurando la confidencialidad y destruyendo cualquier anotación o grabación que realice durante el proceso. Orienta en la búsqueda de soluciones facilitando el acuerdo, pero sin influir en él.
El resultado final de la mediación es un acuerdo habitualmente escrito surgido de las partes. No es vinculante judicial ni legalmente y solo depende de la voluntad de los participantes. Sin embargo, el índice de cumplimiento suele ser muy alto porque las partes lo han diseñado y lo sienten como suyo y no como imposición de un tercero.
La mediación también fortalece la relación, creando entendimiento de cara a futuros conflictos.
El proceso de mediación dura lo que deseen las partes, habitualmente hasta un máximo de dos meses, prorrogables a tres. Su coste es mucho menor que el de un proceso judicial y es repartido a medias entre las partes.
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